domingo, 6 de enero de 2013

La Rochelle - Santander

Finalmente tomamos la decisión. El viernes 4 de enero, por la noche, en la Rochelle, miramos de nuevo los partes, consultamos por última vez las opiniones de "amigos guardianes" como Álex y Tato, y estaba claro: Parte limpio para los próximos cinco días, un margen muy amplio por incluso si las cosas se torciesen.
Ese día dormimos en la furgoneta, muy abrazados, casí prefería estar un poco alejado del barco para desconectar. Era un viaje corto y a priori con muy buen parte, pero cada uno vive las cosas en función a sus experiencias, y para mí está iba a ser intensa.
El Mola Mola perezoso se fue al agua en Port des Barques, y perezoso también el motor le costo arrancar, parecía que tenía un poco de aire en el circuito... Estábamos a bordo Vincent, el vendedor del barco, nuestro amigo francés Jean Françoise y yo. Después de una horita a bordo y de que yo  viese todo más o menos controlado, desembarcaron del Mola Mola. Al fondo en la rampa veía Bea y a Neta... mi familia. Que emociones despedirme de Bea a lo lejos y que emociones darle un abrazo y las gracias de corazón a Jean Françoise. Bueno...ya cayeron las primeras lágrimas, ahora a navegar, a concentrarse y a hacer bien el trabajo.
11 de la mañana, marea vaciante, mayor arriba, génova fuera y amollo escotas. El barco sale como un tiro a casi siete nudos, y así voy caminando hacia mar abierto. Paso la Isla del Aire, miro bien la cartografía, siempre por el canal... Veo a lo lejos la Rochelle y me concentro en el tráfico de los barcos, la visibilidad no es muy buena y rezo un poco para que no se cierre el día. Aumentan las olas, fuera hay un señor mar de fondo y la marea bajando hace que las olas sean mayores aquí dentro. Impresiona ver la punta norte de la Isla de Oleron con las olas rompiendo muy grandes. Le doy respeto a la punta y me abro, no tengo prisa por enfilar Santander, mejor un poco más de tiempo y saber que todo estará limpio.
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Por fín, mar abiero. Voy a la carta, saco mi primer punto y rumbo 212, que me acompañará todo el trayecto. No estoy para navegaciones placenteras dando bordos, lo tengo claro: voy a derecho con vela, si camino bien, y si no..vela y motor.
Navego un poco con genaker, se maneja bien, pero el botalón se dobla como una morcilla, para mi gusto demasiado (una cosilla a la lista de revisiones).

Al contrario de lo que decía el parte salgo amurado a estribor, rápido el viento cae y va rolando hacia el este. A veces consigo navegar un poco sin motor, pero el viento está muy perezoso.
Mientras tanto voy creando mis rutinas a bordo: cada hora marcar sobre la carta de papel la posición, revisar temperatura de motor, revisar sentina, trabajar ordenando y limpiando (lo primero fue la cubierta) y muy importante comiendo y bebiendo.
El día se hace corto y pronto empieza a caer la luz. Agobia un poco pensar que cuando a las seis sea de noche aún te quedan 14 horas de oscuridad, pero...el invierno es así.
Mucho frío en cubierta, voy como una cebolla lleno de capas. La rutina de la noche es la siguiente:
Despertador para dentro de 12 minutos, levantarse sin remolonear, apagar las luces de navegación antes de salir para que no me deslumbren, mirar bien el horizonte por si veo luces de algún barco, chequear en el ordenador velocidades y rumbos, mirar sentina y temperatura del motor. Cada cuatro ciclos de estos se incluye sacar un punto en el papel de la carta, y vuelve a empezar...

En mi primera siesta de toda la noche, de repente el se oye un golpe y el motor baja de revoluciones. Voy a salir como un tiro a la bañera, pero..quieto!! antes ponte botas, cazadora y arnes...una eternidad (sobra decir que las siguientes siestas eran vestido y equipado para salir como un rayo si fuese necesario). Pare el motor, dí un poco atrás por si algo se había trabado, avante otra vez y parecía que todo iba bien.
Nada más reseñable en toda la noche, siestas cortas que me dejaron descansar.

Amanece, no veo el sol pero el día es precioso, de vez en cuando veo algún pajaro que se acerca a verme...siempre me acuerdo de Bea en esos momentos, es como si viniese a visitarme.
Decido desmontar todas las tablas de los asientos de la bañera, para hacer una limpieza a fondo. Eso me entretiene y me llena unas cuatro horas.

El viento sigue del Este, pero sin la suficiente fuerza para navegar solo a vela a una velocidad digna (yo la había marcado en 5 nudos).
Cada vez quedan menos millas, y sigo sin ver a ningún barco (se nota que es Reyes). Ahora tengo más esperanzas de llegar a Santander antes de las 12 de la noche.

Se vuelve a hacer de noche y se empiezan a ver las primeras luces muy a lo lejos, y así durante horas. LA entrada a Santander se hace interminable, cada vez ves las luces más cerca pero nunca llegas.
Al fin tengo Mouro por la amura de estribor, ahora si que sí. Hablo con Bea, nos esperará en Puerto Chico para saludarnos. Ahora sí!! estamos en casa!!
 El trayecto no termina hasta que se atraca y madre mía, como crecía el barco a medida que enfilaba el pantalán, acostumbrado al arpege...Atraque bueno, amarras, abrazos, sentimientos....

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